A medida que las ciudades descubren el poder de los Big Data y de los dispositivos ubicuos de IoT para mejorar la eficiencia y la habitabilidad del entorno urbano, hay que prestar más atención a las amenazas a la seguridad: cuantos más sensores de IoT se desplieguen, mayor podría ser el riesgo de ataques de piratas informáticos y de otros malos actores.

Mediante el uso de la cadena de bloques y su mecanismo seguro y descentralizado, las ciudades tienen la oportunidad de llevar la conectividad a escala sin comprometer la seguridad en el proceso. La inmutabilidad del sistema, junto con las claves criptográficas, puede utilizarse para establecer la identidad raíz de los dispositivos IoT. Si se añaden algunos algoritmos de aprendizaje automático, la reputación de los dispositivos y las variaciones de comportamiento pueden rastrearse con precisión, haciendo que los objetos participen en transacciones autónomas seguras dentro de una esfera de confianza. Blockchain también ofrece potentes capacidades de registro y auditoría a través de su función inherente de sello de tiempo.

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