Estamos acostumbrados a pensar en los generadores de energía, los distribuidores y los usuarios como entidades separadas, pero este paradigma está cambiando hacia un nuevo modelo, en el que la energía es producida cada vez más por los mismos actores que la consumen. Gracias a las accesibles instalaciones fotovoltaicas y solares, un sistema energético descentralizado y en cierto modo democratizado se está imponiendo en muchos países del mundo, y se está haciendo bastante popular en Europa.

Según el último Atlas energético por Friend of the Earth Europe, en Alemania unas 42% de energías renovables son propiedad de hogares y pequeñas cooperativas. En conjunto, las 800 comunidades energéticas locales existentes ocuparían el 14º lugar entre los mayores proveedores de energía europeos. Energía inteligente también avanza en Italia: El Politécnico de Milán estimó un potencial de al menos 500 comunidades energéticas locales, que podrían generar un ahorro anual de hasta 6.000 millones de euros en la generación y distribución de energía, reduciendo al mismo tiempo hasta 11 millones de toneladas de emisiones de CO2 al año.

La Unión Europea está fomentando esta evolución, contemplando las comunidades energéticas locales dentro de la estrategia global de mitigación del cambio climático y el objetivo de que al menos 32% de la energía total sea generada por energías renovables para 2030. La página web Directiva revisada sobre energías renovables ("Red II") incluía medidas específicas para permitir que los hogares, las comunidades y las empresas se convirtieran en productores de energía limpia. Esto abriría la posibilidad de que los edificios residenciales instalen un único sistema fotovoltaico y alimenten apartamentos individuales (la regulación para este caso de uso no es consistente en los estados miembros de la UE), o que los hogares establezcan comunidades energéticas locales autosuficientes, capaces de compartir el excedente de energía con otras comunidades cercanas.

Las tecnologías inteligentes serán cada vez más importantes para construir redes fiables y eficientes, tanto para las empresas de servicios públicos como para las comunidades energéticas locales. Y la blockchain podría ser la mejor respuesta posible para mejorar la seguridad de los datos, las aplicaciones y las transacciones en esas redes, pero también para permitir modelos de negocio innovadores que moneticen el valor de los datos relacionados con la energía.