Al igual que los cuerpos vivos, las ciudades nacen, crecen y, en algunos casos, se extinguen. Entrevistado por la revista italiana Corriere InnovazioneEl profesor Richard Florida, de la Escuela de Ciudades de la Universidad de Toronto, explicó la mayoría de los procesos de transformación urbana se asemejan a los ciclos de vida naturales y permiten a las ciudades resistir a crisis perturbadoras como Covid-19.

El debate en torno a ciudades descentralizadas o el Ciudades de 15 minutos confirmar la pandemia no está alejando a la gente de las zonas urbanasEn lugar de ello, incitan a una forma diferente de experimentarlos y vivirlos.

"Estoy pensando en distritos y espacios comunitarios acogedores para las personas. Una ciudad debe ser mucho más que un lugar: debe estar distribuida y ser inclusiva, proporcionando museos, centros culturales, salas de música, teatros y más. Esta es la manera de encender las relaciones y las actividades, reconectando a la gente", dijo el profesor Florida.

En los últimos cinco años, la ola de las ciudades inteligentes ha abandonado el enfoque inicial centrado en la tecnología y se centró más en las necesidades de los residentes y las comunidades locales. Sin dejar de reconocer que las tecnologías inteligentes pueden hacer que los servicios públicos sean más eficientes y sostenibles, Los proyectos actuales y futuros de la ciudad están cada vez más orientados a mejorar la calidad de vida y buscar la felicidad de los ciudadanos.

Como informó Smart Cities Dive tras encuestando a los líderes de 15 grandes ciudades de EE.UU., el futuro pasa por comunidades éticas y abiertasdonde la tecnología desempeña un papel de apoyo decisiones basadas en datos para la inclusión y la participación efectiva de las partes interesadas.

La evolución prevista incluye proteger los derechos digitales de los residentes y acabar con cualquier desigualdad racial y digital. La pandemia creó un sentido de urgencia en torno a la necesidad de cerrar el brecha digitalLa conectividad es una infraestructura pública crítica y el acceso debe ser garantizado a cualquiera, al igual que la electricidad, el agua corriente, la atención sanitaria o la educación.

Pero los líderes de la ciudad son muy conscientes de que la igualdad digital y un mayor compromiso de la comunidad también es una cuestión de confianza y transparencia. Algunas personas temen que las inversiones inteligentes sólo sirvan a los ricos y no salvaguarden sus datos y su privacidad, lo que podría dar lugar a más divisiones y desigualdades. Las ciudades que hacen de la ética y la inclusión una piedra angular de su gobernanza necesitan construir confianza a largo plazo con sus comunidades para, en última instancia, aprovechar todo el potencial de Smart City iniciativas.